La balada del café triste

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“El único escritor verdadero que el Sur haya tenido siempre fue Carson… Ella no era un ángel, ya sabes. O si lo era, era un ángel negro. Pero tenía sabiduría infinita. La nuestra era una relación profunda que abarcó muchos años. La conocí cuando fui a Nantucket a morir. Había leído Frankie y la boda ese año y la consideré el escritor vivo más grande del mundo”. Tennessee Williams

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Descripción

Bajo el título de uno de ellos, La balada del café triste, se agrupan en este libro varios de los relatos más significativos de la singular y sutil narrativa de Carson McCullers, que han accedido ya a la consideración de clásicos de la moderna literatura norteamericana y constituyen incursiones en la silenciosa, secreta y sagrada intimidad del alma de sus personajes.

Narrados con un prodigioso sentido de la construcción, los relatos de Carson McCullers alcanzan una resonancia interior que va mucho más allá de su sencilla y directa observación de la realidad. El mundo punzante, desesperanzado y profundamente poético de Carson McCullers constituye, en palabras de Edith Sitwell el legado de «una escritora trascendental.

 

Las criaturas extrañas, el ponche, las naranjitas chinas y el piano podrían ser algunos iniciales atributos de Lula Carson Smith. Estos se parecen peligrosamente a una sesión de rizos infantiles de una madre desmesurada, a los vasos con ginebra y a la decepción, como también al puñal que tiembla en la pared entre Frankie y Berenice.

En la afamada constelación de la literatura sureña estadounidense sus personajes apuntan al lector con precisión desoladora. Es esa muchacha alta y enferma que se concluye inadecuada quien engendrará a Miss Amelia, belicosa y solitaria, apoyada en el porche trasero de su casa, y enamorada del jorobado Lymon, una rara mezcla de pedantería y deformidad, pero también surge de su fascinación el despechado, violento y estupendo Marvin Macy, y todo un pueblo con “pocas almas buenas”.

Sucesivas muestras de agudeza, ironía y ternura representan el mundo de Carson McCullers en su esplendor más cotidiano, en el afiebrado aislamiento de los pueblos rurales, el cinismo morboso de los aburridos a media tarde, el puntual aturdimiento frente al amor, y las pasiones que no se resuelven; pero es en la agitación de los cobardes y mediocres o a través del racismo y la hipocresía donde ensaya alguna denuncia social en sus páginas siempre tan claras de melancólica poesía, de seres queribles e incomprensibles para sus pares.

Una pálida belleza – Adriana Greco

 

Carson McCullersCarson McCullers

(Columbus, 1917 – Nyack, 1967) Escritora estadounidense. A los diecinueve años se casó con Reeves McCullers, con quien mantuvo una relación compleja y llena de contradicciones, en la que se sucedieron las rupturas y las reconciliaciones, alternativamente. En la problemática vida de esta autora la enfermedad física y psicológica fue, asimismo, una presencia constante. Su narrativa está poblada de amor y de dolor prácticamente a partes iguales. El paisaje de su infancia en el Sur con sus veranos tórridos, sus cafés, sus barrios miserables y los solitarios personajes embrutecidos por la frustrante vida provinciana es recurrente y protagónico.

En su primera novela, El corazón es un cazador solitario (The Heart is a Lonely Hunter, 1940), gracias a la cual se ganó el apelativo de “niña prodigio de la literatura americana”, McCullers explora el drama de la incomunicabilidad: la soledad del sordomudo Singer, figura de rara intensidad simbólica por ser representativa de la imposibilidad misma de comunicar, es un reflejo de la de los personajes que la eligen como destinatario de sus distintos desahogos verbales. Para dar forma a esta maraña de atracciones insondables, McCullers se sirve de lo grotesco, que en su primera obra narrativa no refleja solamente una realidad grotesca -la del Sur- sino que es el signo de un malestar existencial profundo.

En 1941 apareció Reflejos en un ojo dorado, estudio sobre la homosexualidad y sobre los tortuosos caminos de un eros desviado que le fue reprochado de forma general por la crítica de la época debido a su sensacionalismo “gótico” y la implícita celebración de lo irracional. En 1946 vio la luz Franckie y la boda, historia de una adolescente que, atormentada por la soledad y dividida entre el miedo y el ansia de medirse con la realidad, se hace ilusiones de poder compartir la nueva vida conyugal de su hermano.

La soledad es también el motivo central de los cuentos reunidos en La balada del café triste (1951), que deja al lector la desalentadora impresión de que cualquier intento de reunión entre opuestos resulta imposible. El relato largo que da título a la colección dramatiza, en un lenguaje estilizado por el ritmo hechicero, la historia de amor entre la virago Amelia y su primo Lymon, un jorobado-hombre-niño responsable de la transformación de la mujer/hombre en fuerza social y amorosa y luego de su ruina.

Reloj sin manecillas (1961), su última novela, transcurre en una pequeña ciudad del sur americano donde impera el odio racial y en la que aguardar la muerte simboliza la única posibilidad de sustraerse al callejón sin salida de una sociedad violenta y dividida. Póstumamente apareció el volumen de relatos El corazón hipotecado (1968), en el que están recopilados sus cuentos de juventud. Más tarde se editó su autobiografía inconclusa, que incluye la correspondencia que mantuvo con su marido durante la Segunda Guerra Mundial.

La narrativa de Carson McCullers está emparentada con la de los grandes escritores del sur estadounidense y en ella se perciben puntos de contacto con la de W. Faulkner. Su impronta peculiar es la manera en que consiguió denunciar la injusticia, el odio racial y los graves problemas sociales que produjo la depresión económica de la década de 1930 en el “profundo sur”, a través de los conflictos individuales que padecen los protagonistas de sus obras. (Extraído de Biografias y Vidas)

 

 

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