La Regenta

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Desarróllase la acción de La Regenta en la ciudad que bien podríamos llamar patria de su autor, aunque no nació en ella, pues en Vetusta tiene Clarín sus raíces atávicas y en Vetusta moran todos sus afectos

Descripción

Desarróllase la acción de La Regenta en la ciudad que bien podríamos llamar patria de su autor, aunque no nació en ella, pues en Vetusta tiene Clarín sus raíces atávicas y en Vetusta moran todos sus afectos, así  los que están sepultados como los que risueños y alegres viven, brindando esperanzas; en Vetusta ha transcurrido la mayor parte de su existencia; allí se inició su vocación literaria; en aquella soledad melancólica y apacible aprendió lo mucho que sabe en cosas literarias y filosóficas: allí estuvieron sus maestros, allí están sus discípulos. Más que ciudad, es para él Vetusta una casa con calles, y el vecindario de la capital asturiana una grande y pintoresca familia de clases diferentes, de varios tipos sociales compuesta. ¡Si conocerá bien el pueblo! No pintaría mejor su prisión un artista encarcelado durante los años en que las impresiones son más vivas, ni un sedentario la estancia en que ha encerrado su persona y sus ideas en los años maduros. Calles y personas, rincones de la Catedral y del Casino, ambiente de pasiones o chismes, figures graves o ridículas pasan de la realidad a las manos del arte, y con exactitud pasmosa se reproducen en la mente del lector, que acaba por creerse vetustense, y ve proyectada su sombra sobre las piedras musgosas, entre las sombras de los transeúntes que andan por la Encimada, o al pie de la gallardísima torre de la Iglesia Mayor.

Comienza Clarín su obra con un cuadro de vida clerical, prodigio de verdad y gracia, sólo comparable a otro cuadro de vida de casino provinciano que más adelante se encuentra. Olor eclesiástico de viejos recintos sahumados por el incienso, cuchicheos de beatas, visos negros de sotanas raídas o elegantes, que de todo hay allí, llenan estas admirables páginas, en las cuales el narrador hace gala de una observación profunda y de los atrevimientos más felices. En medio del grupo presenta Clarín la figura culminante de su obra: el Magistral     don Fermín de Pas, personalidad grande y compleja, tan humana por el lado de sus méritos físicos, como por el de sus flaquezas morales, que no son flojas, bloque arrancado de la realidad. De la misma cantera proceden el derrengado y malicioso Arcediano, a quien por mal nombre llaman Glocester, el Arcipreste don Cayetano Ripamilán, el beneficiado D. Custodio, y el propio Obispo de la diócesis, orador ardiente y asceta. Pronto vemos aparecer la donosa figura de D. Saturnino Bermúdez, al modo de transición zoológica (con perdón) entre el reino clerical y el laico, ser híbrido, cuya levita parece sotana, y cuya timidez embarazosa parece inocencia: tras él vienen las mundanas, descollando entre ellas la estampa primorosa de Obdulia Fandiño, tipo feliz de la beatería bullanguera, que acude a las iglesias con chillonas elegancias, descotada hasta en sus devociones, perturbadora del personal religioso. La vida de provincias, ofreciendo al coquetismo un campo muy restringido, permite que estas diablesas entretengan su liviandad y desplieguen sus dotes de seducción en el terreno eclesiástico, toleradas por el clero, que a toda costa quiere atraer gente, venga de donde viniere, y congregarla y nutrir bien los batallones, aunque sea forzoso admitir en ellos para hacer bulto lo peor de cada casa.

Benito Pérez Galdós

Prólogo completo

 

 

Leopoldo Alas «Clarín»
Retrato de Leopoldo Alas Clarín realizado por Juan Martínez Abades

Leopoldo Alas García-Ureña nació el 2 de Abril de 1852 en Zamora, en donde su padre desempeñaba el cargo de gobernador civil. Comenzó sus estudios en León, en el colegio de los Jesuitas, y desde los siete años los continúa en Oviedo, la ciudad que sería telón de fondo de muchas de sus obras.

Se inicia con composiciones religiosas y satíricas, y será el único redactor del periódico Juan Ruiz, escrito a mano, que distribuirá entre sus compañeros de estudios.

Cuando en 1871 el joven Alas asista a la Universidad de Madrid a continuar los estudios de Derecho y Filosofía que había iniciado en Oviedo, ya ha vivido activamente el estallido del 68, revolución en la que cree y de la que parte su indudable progresismo.

Con sus compañeros Tomás Tuero, Pío Rubin y Armando Palacio Valdés crea en Madrid la tertulia de la Cervezería Inglesa de la Carrera de San Jerónimo, llamada también Bilis Club por la agudeza de las críticas que en ella se vertían, y de la que surgirán los tres números de la revista satírica Rabagás (1872).

Alas reparte su tiempo entre las clases de la universidad (toma allí contacto con el profesor Francisco Giner de los Ríos, a quien dedica su tesis doctoral), las tertulias y las polémicas del Ateneo.

A partir de 1875 crece su actividad periodística: en esa fecha usa por primera vez el pseudónimo Clarín para firmar en El Solfeo. También escribe en La Unión, El Progreso, Gil Blas, La España Moderna, etc. Su periodismo es ágil y atrevido, vertido en sus artículos que a veces llama paliches. Años después, los artículos de crítica se reunirán en Solos de Clarín (1881), Sermón perdido (1885), Mezclilla (1889), Ensayos y revistas (1892), Palique (1893) y Siglo pasado (1901).

En 1882 es nombrado catedrático de la Universidad de Zaragoza y al año siguiente pasa a Oviedo, ciudad en la que causará gran escándalo la publicación de la novela La Regenta (1885), la cual, junto con Su hijo único son consideradas las dos grandes novelas naturalistas españolas del siglo. Estos libros retratan de manera inclemente la sociedad provinciana de Vetusta, ciudad imaginaria semejante a Oviedo.

Ese mismo año, 1885, se publica Sermón perdido; su primer libro de cuentos Pipá, se publica en 1886, al que siguen, Su único hijo (1890), Doña Berta (1892), Cuervo (1892) y Superchería (1892), El señor y lo demás son cuentos (1892) y el titulado Cuentos morales (1896). En estas fechas Clarín ya había experimentado un cambio hacia el espiritualismo, cuando muere en 1901.

Información adicional

Formato

Digital

Edición

Facultad de Ciencias Sociales – Universidad de Chile

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    Sin duda alguna, una obra maestra de la literatura universal. Posiblemente infravalorada por el público generalista . Una perfección de lenguaje y estructura, el costumbrismo y naturalismo propios de su siglo encaja en un espacio lleno de personajes que discurren en la, aparentemente, sencilla “Vetusta”. Clarín ejerce con maestría la ironía y la crítica social de una ambiente saturado de hipocresía y bajos instintos.

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