Palabra sobre palabra

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Palabra sobre palabra, antología poética de Ángel González. Un libro imprescindible del que fuera poeta de la generación de los 50

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Descripción

Ángel González era consciente de los peligros de la retórica y la trató con una prudencia que quedó plasmada en su poesía. Sin embargo, no podemos decir que las figuras retóricas que con más frecuencia usaba en sus poemas se debieran únicamente a una previa reflexión del poeta, sino a un factor fundamental y decisivo en el estilo de todos los escritores: la circunstancia. En 1956, cuando escribió su primer libro Áspero mundo, la censura franquista se encargaba de eliminar cualquier indicio de pensamiento revolucionario o que abordara cualquier tema tabú, que eran todos los que le molestaban a 1’63 metros de gallego acomplejado. No por ellos los escritores y muchos de los poetas que luego pasaron a conocerse como grupo poético del 50 dejaron de expresar ideas contrarias a la dictadura, sino que hubo que pasar dichas ideas de contrabando para hacerlas llegar hasta los lectores; y el salvoconducto era la retórica. Con su ayuda, y la poca perspicacia (o inteligencia) de los censores, dichas ideas fueron llegando a los lectores en un cifrado poético.

Alonso Pinto Molina (un Ángel comprometido)

 

Se está dando una idea muy equivocada de la personalidad de Ángel, quizás porque los que más hablan de él ahora son personas que lo conocieron más bien superficialmente y cuando ya era bastante mayor y tenía varias enfermedades. Lo pintan como un ser callado, pesimista, casi tétrico. Posiblemente sus poemas críticos también contribuyan a ese perfil, pero él decía que escribía cuando estaba “en desajuste con el mundo”, y siempre separaba al poeta de la persona. Esa versión de él no tiene nada que ver con la realidad, yo no hubiera podido vivir treinta años con una persona así. Pasó por momentos pesimistas, como cualquier ser humano, sobre todo quienes hayan vivido circunstancias trágicas, pero en general, era una persona muy alegre, bon vivant, dicharachero; en las fiestas cantaba, bailaba, y contaba chistes como nadie. A mí lo que más me gustaba de él era su inteligencia y sentido del humor, ah, y también que me trataba como una reina.

Susana Rivera (entrevista en nuestro semanario)

 

Ángel GonzálezÁngel González

Nace en Oviedo, en 1925. Su familia queda marcada para siempre por la Guerra Civil: el asesinato de uno de los hermanos, el exilio de otro y la prohibición de enseñar que pesa sobre la hermana condicionan, no sólo su existencia, sino también su obra poética.

Publica su primer libro de poemas en 1956, “Áspero mundo”, reconocido con el accésit del premio Adonais.

En 1972 traslada su residencia a Nuevo México (Estados Unidos), para dedicarse a la docencia. A pesar de los cada vez más frecuentes viajes a España, permanece en Estados Unidos hasta su jubilación en 1993.

En su obra combina la crítica social con una denuncia moral de tinte más intimista y satírico.

Muere en Madrid, en 2008.

 

“Nací en Oviedo en 1925. El escenario y el tiempo que corresponden a mi vida me hicieron testigo -antes que actor- de innumerables acontecimientos violentos: revolución, guerra civil, dictaduras. Sin salir de la infancia, en muy pocos años, me convertí, de súbdito de un rey, en ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía. Regreso, casi viejo, a los orígenes, súbdito de nuevo de la misma Corona. 

Zarandeado así por el destino, que urdió su trama sin contar nunca con mi voluntad, me resigné a estudiar la carrera de Leyes, que no me interesaba en absoluto, pero que tampoco contradecía la costumbre, casi norma de obligado cumplimiento (“todo español es licenciado en Derecho mientras no se demuestre lo contrario”), a la que se sometían en su mayor parte los jóvenes de mi edad y de mi clase social -clase media, transformada en mi caso, como consecuencia de la guerra civil, en muy mediocre.

Larga y prematuramente adiestrado en el ejercicio de la paciencia y en la cuidadosa restauración de ilusiones sistemáticamente pisoteadas, me acostumbré muy pronto a quejarme en voz baja, a maldecir para mis adentros, y a hablar ambiguamente, poco y siempre de otras cosas; es decir, al uso de la ironía, de la metáfora, de la metonimia y de la reticencia. Si acabé escribiendo poesía fue, antes que por otras razones, para aprovechar las modestas habilidades adquiridas por el mero acto de vivir. Pero yo hubiese preferido ser músico -cantautor de boleros sentimentales- o tal vez pintor. Fui, en cambio, funcionario público. En 1970 vine por vez primera a América -México y EE. UU.-, y empecé a quedarme por ese continente a partir de 1972 (profesor visitante en las universidades de New Mexico, Utah, Maryland y Texas). En la actualidad, enseño literatura española contemporánea en la Universidad de New Mexico.”

 

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