El laberinto de la depresión

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 Quizás no sabes que la depresión extiende el abatimiento a todo el entorno. No hay bienestar alguno si no se siente ser “yo”, auténtico, libre.

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Descripción

Método para recuperar el ánimo y el bienestar

Nunca la noche es más obscura que instantes antes del amanecer

Rabindranat Tagore

Si estás deprimido, sé cómo te sientes. Es desgarrador. Sientes que todo terminó, queda un amargo vacío, piensas que no hay nada que hacer y eres infeliz. Sientes tristeza, dolor, a veces combinado con intranquilidad, y temor a no sabes qué. No puedes conciliar el sueño, y si lo logras despiertas alrededor de las tres de la madrugada sin poder dormir de nuevo. Con nostalgia te asaltan recuerdos felices del pasado, pero peor si son amargos.

Sin embargo, las cosas no siempre son como parecen. Quizás no sabes que la depresión extiende el abatimiento a todo el entorno, lo ves con tristeza, la mente insiste en seleccionar por si misma lo insatisfactorio, amargo, doloroso. Además, cada situación deprimente parece ser la peor, no se recuerdan las adversidades anteriores, incluso tan solo de días atrás. Escarba en tu memoria y verás. Por ello siempre existen caminos de esperanza delante de tus narices, pero no las ves.

La esencia del sentimiento de depresión es sentir las puertas cerradas, sin salida, sin solución ni posibilidad de suprimir lo ocurrido. Es como si el cerebro se dijera a sí mismo:

Si las puertas están cerradas, entonces…

¿Para qué la motivación?

¿Para qué la alegría?

¿Para qué las ambiciones?

¿Para qué el miedo?

¿Para qué la ira?

¿Para qué el placer?

¿Para qué el apetito?

¿Para qué amistades ni compañía?

Por lo tanto lo apago todo.

¡Sí, están cerradas las puertas! Pero no olvides la pregunta de rigor: ¿Están realmente cerradas o las ves así? Lógicamente las puertas nunca se cierran totalmente, nunca pueden serlo. El problema es que ¡tú las ves cerradas! Por ello los pesimistas tienden fácilmente a la depresión. Ellos mismos se cierran puertas.

Las adversidades circulan, se marchan siempre, de una forma u otra, nunca permanecen exactamente igual que como comenzaron, Incluso cuando no podemos jamás arrancarnos el dolor de pérdidas sentimentales o superar errores que gravitarán toda la vida, se encuentra forma de ajustarnos emocionalmente.

Bajo la condición que sea, visualiza tu felicidad con alegría y convicción, reflexiona una y otra vez cómo lograrla, piensa, piensa y vuelve a pensar. Siempre preguntándote que es lo que te falta para ser feliz, define pasos para conseguir tus propósitos. Si tu sufrimiento es irreversible deja correr la angustia y la depresión, pero cuando sientas alguna recuperación, siéntate a visualizar reflexivamente los acontecimientos hasta alcanzar un ajuste equilibrado; aun con el dolor a cuestas. Si el camino se hace difícil y dificulta avanzar, entonces “frena”, detente, y reflexiona sobre un nuevo rumbo, nuevas alternativas, por donde dirigir tus pasos. En fin de cuentas tú eres dueño de ti mismo.

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