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La afilada navaja de Ockham

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En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable (Guillermo de Ockham)

Descripción

Ignacio Fernández Candela halló la inspiración de este libro en unos acontecimientos que se iniciaron un 9 de Marzo de 2009 de manera sorpresiva.

El error policial es un hecho que puede suceder a cualquier persona, de toda condición, y es más grave si se asocia al abuso, por la indefensión que supone a un ciudadano honrado no ser respetado en sus derechos.

De la adversidad que supuso un hecho que puede consumir la vida de una persona, se pasó a la victoria pese a tener en contra todas las circunstancias.

El relato es una inspiración de la vida real –que supera a la ficción– y un ejemplo de superación y esperanza aun cuando todo pueda parecer un mal insalvable.

Es La afilada navaja de Ockham, también, una espectacular llamada a la esperanza, incluso allá donde las sombras parecen ocultar la realidad de una España sumida en el engaño del que sus habitantes todavía no parecen despertar.

 

La afilada navaja de Ockham

La afilada Navaja de Ockham es un magnífico relato narrado en primera persona sobre un hecho real que cambió el concepto de realidad de su protagonista y su manera de relacionarse con ella. Este alegato soberbiamente escrito contra el abuso policial y su posterior indefensión frente a los hechos acaecidos, nos da muestras de una madurez no sólo literaria sino también personal y vital a la hora de describir punto por punto la brutalidad del atropello policial, su injusticia y la posterior indefensión al que queda reducido, empequeñecido ante las leyes que supuestamente le protegen como ciudadano libre y que debido a los desafortunados hechos descritos queda vergonzantemente destapada y en corrupta evidencia.

Es un valioso y valiente documento en el que la denuncia por el dolor y la injusticia cometidas no hace sino reforzar más su ficción literaria representada por esa bajada a los infiernos en el que nos sumerge con toda su irrealidad, su absurdo e incluso su estupidez, maravillosamente personalizada en el monólogo interior del protagonista cuando solo, en la maltrecha celda de la comisaría, comienza a darse cuenta de su situación real, en un brillante monólogo que va desde la indignación y la rabia hasta  un amplio sentido de la justicia y la verdad frente a la mentira y la desidia . De esta conciencia el autor, en este caso protagonista, sale reforzado, tras verse involucrado en una trama policial corrupta y en un juicio posterior con irregularidades y obstáculos que tendrá que sortear en su largo camino hacia la libertad, rematado con un sorprendente final.

Sorpresa última, pero no única que recorre este relato narrado con una solidez literaria extrema, cuajado de múltiples giros narrativos, cambios de ritmo y vueltas de tuerca, trepidante de principio a fin con momentos literarios vibrantes y delirantes , dramáticos y felices en una paleta de estados emocionales diversos sin dejar que la historia, la intriga, lo que va a suceder, lo que está sucediendo y lo que sucederá dejen sin respiro al lector que quedará entregado a su lectura por completo. A su merced. Sin olvidar en ningún momento la denuncia del abuso policial, la dramática lucha de su protagonista por conquistar su libertad y los héroes y villanos que pululan por esta cruel pesadilla que acabará por convertirse en una segunda oportunidad.

Pero hay una cosa más, al final del libro nos queda claro: la corrupción y la desidia parecen ser una práctica habitual en algunos estamentos oficiales frente al sentido común del que el ciudadano debe estar sobreaviso, todo esto sin menospreciar en absoluto la labor de seguridad y protección que otros policías desempeñan diariamente en nuestras vidas y en nuestras calles.

Termino pues con dos citas que definen la conclusión moral del libro: 1) La del Nobel de Física de Charles Thompson Rees Wilson que pronunció en 1926:  la conducta es la única prueba de la sinceridad de nuestro corazón y 2) la del  razonamiento lógico de Guillermo de Ockham en el s. XIV que promulgó que de las diferentes hipótesis la más sencilla es la que conduce a la verdad  y por tanto, a la libertad.

María José Hernández López

Tiene Ignacio Fernández Candela la habilidad de separar sus emociones para presentar una experiencia propia tan injusta y grave como la narrada en La afilada navaja de Ockham desprovista del humano y comprensible rencor en el que cualquier otro autor hubiera podido caer; esta habilidad consigue que el lector comprenda perfectamente el alcance de la experiencia, se solidarice con el narrador, y tome nota de su propia vulnerabilidad; porque la experiencia de Ignacio Fernández Candela podría ocurrirle a cualquiera, por el simple hecho de encontrarse en el lugar y el momento propicio.

Cuando el lector se adentre en la narración de la historia vivida por Fernández Candela, advertirá con horror que si estos hechos han sido posibles en la persona cuyas cualidades acabamos de describir en el párrafo anterior, que no son comunes en estos tiempos de valores perdidos, cualquiera de nosotros podría verse en la misma indefensión, por el simple detalle de estar sometidos al azar de encontrar en nuestro camino funcionarios que no merezcan formar parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado.

Bajo el peso de una ley viciada (reseña de Yolanda Cabezuelo Arenas en nuestra revista)

1 valoración en La afilada navaja de Ockham

  1. Valorado en 3 de 5

    Luis Beltran

    Interesante. A partir de unas circunstancias, entiendo vividas en primera persona, el autor aprovecha para hacer una dura crítica a las instituciones policiales, judiciales, etc. en suma a un Estado con unas leyes que en muchas ocasiones rozan lo esperpéntico.

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