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La hija del capitán Groc

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¿Hasta qué punto merece la pena defender unos ideales por encima incluso de la vida y de la estima de los tuyos?

Descripción

Dividida en dos partes, Víctor Amela(Barcelona, ​​1960), periodista y novelista, narra un episodio de la primera guerra carlista en la comarca del Maestrazgo, centrada en el carismático personaje histórico de Tomás Peñarrocha, apodado El Groc (El Amarillo) por el color mazorca de sus cabellos, hijo del pueblo de Forcall, donde se convirtió en un mito, todavía vivo.

La historia relata tres años y medio de una guerra que, tras la derrota de las tropas del general carlista Ramón Cabrera, en 1840, Peñarrocha siguió manteniendo apoyado por un puñado de hombres fieles a su causa conservadora -Dios, Patria y Rey- contra los isabelinos, defensores de la constitución liberal de 1837, liderados por el general Juan de Villalonga.

Tal y como nos cuenta Amela en el Epílogo del autor sobre sí mismo (Barcelona, ​​noviembre de 2015), cuyos antepasados ​​provienen de Forcall, él concibió el proyecto de la novela cuando un niño de esta localidad del Maestrazgo despertó su interés al hablarle del Groc y por el hecho de que supo que él mismo era nieto de Pep el Bo, uno de los personajes principales de la historia, hijo del “décimo y último de sus hijos, de nombre Víctor Amela”. El libro, pues, es fruto de una disposición a la investigación autobiográfica que converge, por azar pero afortunadamente en tanto que ofrece material épico, con un periodo de nuestra Historia que aúna ingredientes atractivos tanto para el autor como para los lectores.

La hija del capitán Groc es un libro de prosa fluida y bien escrito; especialmente remarcable es el catalán de la franja valenciano-aragonesa que hablan sus protagonistas, un placer leerlo en la versión catalana. También los personajes están bien construidos, son verosímiles y tienen su justificación.

EL ÉXITO DE VENTAS DEL ÚLTIMO SANT JORDI (Anna Rossell)

Me he atrevido a contar una historia muy exigua, la historia de un héroe ultralocal, que únicamente conocía la gente de un pueblo pequeño, El Forcall, contada de generación en generación, que yo oí cuando tenía ocho años, y ya habían pasado cinco generaciones desde los hechos -ahora ya han pasado siete u ocho-, y que todavía está viva y podía haber quedado como una historia oral de carácter ultralocal. Pero un día me dije: “Este héroe tiene unas ideas, las defiende por encima de su propia seguridad física, renuncia a su comodidad material, a la comodidad y al placer de la vida conyugal y familiar… ¿por qué lo hace?” Pues lo hace por la misma razón por la que Ulises, que Homero convierte en un héroe literario, fue a la guerra de Troya, por la misma razón que todos los grandes héroes de la literatura hacen lo que hacen, y los leemos y nos parece que son referentes morales universales. ¿Por qué yo no debería atreverme con este héroe, que tiene toda la materia literaria que tienen los demás, y convertirlo en un héroe literario? Este héroe nuestro lo podemos comparar a Robin Hood o a otros que parecen muy viables y consumibles porque son de fuera; ya tenemos los nuestros. Yo he tomado éste, que conozco muy bien porque es del pueblo de mi abuelo, y lo he convertido en héroe de novela. Estoy muy satisfecho.

Víctor Amela


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