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Los pazos de Ulloa

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Los Pazos de Ulloa le mereció a su autora pasar a la historia de la literatura como introductora del naturalismo en España.

Descripción

La trama empieza situándonos en la Galicia rural, donde una naturaleza primitiva, agreste, indómita e inhóspita parece determinar implacablemente la vida de los personajes que la habitan.

En el gran caserón de los Pazos de Ulloa, en deplorable estado de conservación, el marqués Don Pedro Moscoso, sus servidores Sabela, Primitivo —su padre— y Perucho —hijo ilegítimo de Don Pedro y de su criada Sabela— llevan una vida descuidada y rústica, acorde con su entorno, que otro personaje, el joven cura Julián Álvarez, tiene la intención de recuperar para el orden y las buenas costumbres.

En aras de la objetividad inherente al naturalismo, la autora nos ofrece una panorámica más amplia de la decadencia de la nobleza del campo y de la vida de las clases populares a su servicio recurriendo a algunas visitas a otras casas nobiliarias rurales, a cual más siniestra, y a celebraciones patronales populares en aldeas aledañas. La oposición entre la ramplonería del medio rural y el mayor refinamiento del ambiente ciudadano la resuelve Pardo Bazán trasladando durante un tiempo a Don Pedro Moscoso a Santiago de Compostela, donde viven su tío y sus primas, lo cual le presenta la oportunidad de casarse convenientemente con una de ellas.

Sin embargo, como también hiciera en su misma época el alemán Theodor Fontane en su novela Effie Briest, el interés primero de la autora se centra fundamentalmente en la descripción de la nobleza rural, pues la recién casada pareja regresa pronto a Los Pazos, donde Don Pedro volverá a sus zafias costumbres y la autora tendrá ocasión de dar cuenta de los tejemanejes e intrigas de los caciques de uno y otro bando, liberal y conservador, para conseguir que su respectivo candidato gane las elecciones.

El lujo de detalles con los que la autora describe a sus personajes da cuenta no solo de su aspecto físico sino también de su psicología y carácter, y el dominio de la lengua  de la escritora gallega es de una riqueza que hará las delicias de los amantes de la buena literatura sensibles a los ecos de la escritura cervantina. También los registros lingüísticos que emplea la autora se corresponden con el programa naturalista, pues, cuando el guión lo requiere, incorpora el sociolecto gallego de la zona rural en que se desarrolla la acción.

El placer de leer un clásicoAnna Rossell