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Orfeo se muda al infierno

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Leerla es un placer que se sostiene en sí mismo, sin necesidad de mayores comentarios.

Descripción

El autor sitúa la acción en un barrio antiguo y degradado, en un infierno urbano.

Esta vez desplaza su historia del campo a la ciudad, del escenario rural mallorquín en el que se desarrollaba Rapaces, su anterior novela, a la ciudad amurallada de Orfeo. Ese casco antiguo no es solo el escenario de la acción, es también el fiel reflejo del alma de los personajes, el infierno interior en el que viven, y es también el infierno global del capitalismo ultraliberal que deja al ser humano desprotegido y indefenso, en desigualdad de oportunidades, sumido en un estado de naturaleza permanente, de guerra, destinado a luchar por su supervivencia, sin principios ni cultura, sin ninguna tabla de salvación a la que poder agarrarse.

La narración se aproxima al mundo de la droga y la prostitución, un mundo de marginación, sin estado ni ley, dominado por individuos aislados y enfrentados, que viven en un permanente estado de necesidad y violencia, semejante al estado de naturaleza imaginado por el filósofo inglés Thomas Hobbes. La única salida que encuentran a su situación es agruparse en pequeñas manadas y clanes de camellos, que malviven de la droga y satisfacen sus instintos sexuales y de supervivencia con violencia.

Orfeo se muda al infierno supone también un paso más en el intento de Ignacio González Orozco de explorar la naturaleza humana, de satisfacer su voluntad de comprender los efectos producidos por la deriva hacia los instintos más animales. En este sentido, encontramos en Orfeo una reflexión sobre la animalidad y los instintos naturales, la maldad y la violencia. El autor destapa el lado más instintivo del ser humano, su dimensión más animal, la animalidad más salvaje, la que sitúa al ser humano despojado de principios y cultura, desnudo ante el mundo. La animalidad está presente en sus personajes en forma de adjetivos, como recurso literario, pero sobre todo es una característica que define su comportamiento.

Reseña completa de Miquel Àngel Ballester en nuestra revista

El narrador de Orfeo es un ejemplo consumado de debilidad de criterio. Y aún más, no tiene idea ni de lo que está viendo ni de lo que al respecto cuenta con toda su unción, por eso se deja llevar por la fantasía y acaba entremezclando realidad y ficción. Pero yo no se lo reprocharía, él es un escritor —a pesar de las muchas dudas que alberga sobre sí mismo— y no un cronista en el sentido estricto de la palabra. Va a la caza de historias. Como sabe bien la gente que le da a la pluma, o con más propiedad en nuestros tiempos al teclado del ordenador, puede que la historia sea idea tuya, pero luego ella te seduce y abduce, de modo que acabas caminando por la senda que marca, con la percepción deformada por la nube tóxica del entusiasmo conforme se desarrolla la acción que vas describiendo. Es una debilidad humana como otra cualquiera, no hay por qué execrarla.

Entrevista al autor en nuestra revista